Sin novedad en el frente
Abril 11, 2008
A propósito de la 2da sesión de la Conferencia de Estados Parte de la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción.
Con la noticia de la muerte el día anterior del ex dictador Haji Mohamed Suharto, acusado de graves violaciones a los derechos humanos y delitos de corrupción, y la sorpresa del decreto de luto nacional durante siete días con las banderas izadas a media asta por este hecho, se inauguró el 28 de enero, en Bali – Indonesia, la Segunda Conferencia de los Estados Parte de la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción.
Más sorpresa aún causó el hecho que, en el momento de la inauguración no estuviera presente el presidente de Indonesia Susilo Bambang Yudhoyono ya que debió encabezar el funeral del ex dictador y, como punto culminante de ese primer día sorprendente, que se pidiera un minuto de silencio en memoria del recientemente fallecido ex dictador. Todo esto causa una espeluznante sorpresa sobre todo por el hecho que Haji Mohamed Suharto ha encabezado la lista de los gobernantes más corruptos del mundo de las últimas décadas, cifrando de acuerdo a Transparencia Internacional, en 35 mil millones de dólares, la riqueza apropiada como consecuencia de la corrupción. Tal vez estas actitudes sean comprensibles en espacios donde se debe guardar el protocolo del caso, pero resulta paradójico (por no decir irónico) que justamente en la reunión para debatir las políticas mundiales sobre lucha contra la corrupción se haya tenido que rendir homenaje a uno de los personajes más corruptos de la historia.
Mención aparte, y como para reconocernos en el otro, el presidente de Indonesia indicó que Suharto “dio un gran servicio a la nación”. Las opiniones de los ciudadanos de Indonesia están divididas. Para algunos era un genocida y corrupto; para otros había llevado al país al progreso económico ¿nos suena familiar?

Mas allá de las ingratas sorpresas que nos deparó este encuentro, la Segunda Sesión de la Conferencia de los Estados Parte de la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción fue, más que un espacio de encuentro y debate para avanzar en la lucha contra la corrupción, una demostración de las diferentes posiciones que tienen los bloques de países a nivel mundial para enfrentar este grave problema, con la consecuencia que por lo menos en estos dos próximos años, el posible avance que se dé en la implementación en los países parte de la convención, será muy limitado.
Dos puntos esenciales que debían debatirse en esta conferencia, el mecanismo para evaluar el avance de los países en la implementación de la Convención y la recuperación de activos producto de actos de corrupción, se perdieron por completo por una discusión que no es única de este espacio, el tema de la cooperación entre los países pobres y ricos.
Se pudieron distinguir tres bloques en este debate político, el bloque de Canadá, Estados Unidos y parte de la Unión Europea, el bloque del G77, con el liderazgo de Irán, Egipto, Pakistán, China y Rusia; y finalmente, los países de América Latina y África
Nuevamente la discusión por la cooperación.- Al igual que en otros espacios de discusión a nivel mundial, el tema de la cooperación fue el punto de disputa de la 2da sesión. Mientras los países del G-77 planteaban que la cooperación (asistencia técnica) no debería ser condicionada, Estados Unidos y la mayoría de los países de la UE sostuvieron que la ayuda técnica que pueden aportar a los Estados que la requieren debería ir ligada a una adecuada reforma del sistema judicial y a proyectos de prevención de la corrupción. El temor, en este caso es que haya intromisión de los países donantes sobre las políticas públicas de los países que recibirían la ayuda.
Días antes de la 2da sesión, durante el Foro de Cooperación al Desarrollo, realizado por el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC) en El Cairo, entre el 19 y el 20 de enero, su presidente, Leo Merores, destacó la necesidad de desarrollar una ayuda internacional que no esté sujeta a condiciones de tipo político, sino a los resultados obtenidos sobre el terreno.
Los donantes no deberían exigir unas condiciones previas -como el respeto a los derechos humanos o erradicación de la corrupción- para conceder su ayuda a los países en vías de desarrollo, en opinión de Merores, ya que muchas veces es precisamente esta ayuda la que contribuirá a que se cumplan esas condiciones.
Las diferencias también se dejaron notar en las acciones para la recuperación de activos. El G-77 propuso la creación de un equipo compuesto por diez personas, dos por cada región del mundo, que se encargarían de coordinar y facilitar la recuperación de los activos robados, mientras que el representante de Alemania instaba a los países del G-77 a reforzar sus respectivas legislaciones e instituciones públicas para así “frenar el robo de activos”, propuesta a la que se suma la de Estados Unidos de formación de funcionarios en los países menos avanzados.
A nuestro parecer, así como los países de donde salen los activos deben frenar esto a través de mecanismos como legislación e instituciones fuertes encargadas de supervisar y frenar el desvío de fondos, los países receptores deberían por lo menos cooperar en el rastreo y ubicación de los fondos. En el tema del lavado de activos, y la recuperación de los mismos, tanto el país emisor como el receptor tienen responsabilidades compartidas y este problema es consecuencia de un problema mucho mayor, la existencia de países con una legislación financiera flexibilizada, los conocidos paraísos financieros.
Para nuestro país, el hecho que no se haya llegado a ningún acuerdo sustantivo, reduce nuestras expectativas sobre el cumplimiento de un instrumento internacional que aporta en políticas sobre la lucha contra la corrupción. Perú es tal vez, uno de los países con mayor interés en el cumplimiento de esta convención, sobre todo por el tema de la recuperación de activos. Lamentablemente, el no haber llegado a ningún acuerdo sobre este tema, incidirá negativamente en la ubicación y recuperación de activos producto de la corrupción durante el gobierno de Fujimori, que aún falta recuperar.
La reunión en la turística Bali, que congregó a representantes de los gobiernos y la sociedad civil de países de todo el mundo, no tuvo el resultado que muchos esperábamos. Tendremos que aguardar hasta fines del 2009 en que se vuelvan a reunir, esta vez en Doha, para discutir –y esperamos- llegar a acuerdos concretos en las diversas materias. Esperemos que en esa oportunidad, la Conferencia de Estados Parte no defraude a millones de personas en el mundo que no pueden acceder a una vida digna como consecuencia de la corrupción.